DEAD IN BERLIN
La enfermedad es un tema duro y difícil de tratar con éxito en el cine, más aún cuando se toma el riesgo de no tomar la enfermedad con algo de respeto y dignidad hacia sus personajes. En “Cisnes”, vemos un desfile de personajes a los cuales se trata sin respeto porque ellos, como personajes, no se respetan a si mismos.
En ese sentido, el segundo largometraje de Hugo Vieira da Silva resulta un drama duro y provocador que tiene plena justificación en no darles a sus personajes más que una muy ligera pizca de dignidad. El problema es que estamos ante una historia en extremo parca cuya apuesta por contarnos momentos de la vida cotidiana de los personajes provoca somnolencia.
Vemos a padre e hijo discutir brevemente frente al televisor en una escena que sirve para darnos cuenta que la relación padre-hijo está por completo fragmentada al tiempo que nos enteramos que al hijo le interesa el hip-hop mientras que al padre los deportes y que ninguno de los dos tiene la menor idea de como solucionar sus problemas de comunicación. Al padre le interesa pero es tan tosco que no sabe como hacerlo mientras que al hijo le importa un bledo resolver este problema, pues le luce indiferente.
A pesar de que estamos viendo en una escena tan sencilla demasiada información que esta implícita detrás de esta parquedad donde aparentemente no está pasando nada, las cosas no funcionan debido a que las escenas se alargan en exceso, como queriendo que sintamos la incomodidad entre ambos personajes pero provocando el efecto adverso: aburrimiento.
Cuando “Cisnes” intenta provocar, ya sea con una escena de masturbación completamente explícita o con la violación de una persona en estado de coma, en vez de que uno se escandalize ante lo grave de la situación que está observando, uno se cuestiona si era necesario relatarnos las escenas de esa forma. La provocación es más bien aburrida, pero nunca gratuita, lo cual ocurre debido a lo mal hilado de las escenas, pues simplemente nos limitamos a observar la dura situación de los personajes y sus malas decisiones.
La trama es dura, pero sencilla en su planteamiento. Manuel y su padre Tarso viajan de Portugal a Berlín para cuidar de su madre, quien ha quedado en estado de coma tras una dura quimioterapia y a la cual Manuel no ha visto desde que él tenía tres años. La madre se encuentra internada en un hospital, asi que Manuel y Tarso se hospedan en el departamento de ella mientras van a visitarla.
A Manuel no le interesa mucho visitar a su mamá en el hospital, sino andar en patineta, escuchar hip-hop y pasar el rato con los chicos de su edad. A su padre le consterna esta indiferencia, pues parece afectarle ver a su ex-mujer en ese estado y que a su hijo no le interese. Ante esta atmósfera tan fría, acentuada por el invierno alemán, era de esperarse que la película resultara de la misma forma, una cinta gélida con personajes muertos en vida que transpiran nulas emociones y peligrosos deseos ante la ociosidad de la vida que están llevando.
Esta misma falta de comunicación e imposibilidad de relacionarse se reflejan cuando la compañera de su mamá, la enigmática Kim aparece en el departamento. Casi como un fantasma del cual el padre acepta su presencia sin intentar siquiera decir un simple hola, el hijo parece sentirse atraído en principio. Aunque después se orina en su presencia sin ningún dejo de pudor mientras ella duerme plácidamente en la tina, en otra escena que intenta provocar pues nos enteramos de un aspecto importante de esta chica casi fantasmal.
Ella sólo sirve para detonar los instintos de un joven de 17 años que está descubriendo su naturaleza sexual y para acentuar la tosquedad del padre, quien no solo es incapaz de comunicarse con su hijo, sino con cualquier otra persona, pero quien al menos luce más interesado en intentar lidiar con el problema, mientras que Manuel simplemente parece buscar un escape al sentirse en un lugar al cual no pertenece.
Asi, los dos protagonistas se mueven en torno al eje de la madre, a quien vemos también en una escena perturbadora ser cuidada por el personal del hospital, quienes la bañan y cambian de posición. Es de esperarse que en algún momento la historia detone y este ritmo de vida triste, ante el tener que cuidar de un familiar enfermo, provoque que estos personajes tengan que expresar, si bien de formas poco sanas, algún atisbo de emoción, aunque estas sean instintivas y primitivas. Es en esos instantes cuando los personajes transpiran en los que “Cisnes” tiene sus mejores momentos.
Uno se sigue cuestionando en que hospital permiten a chicos deambular en patineta con tanta displicencia y como las escenas pudieron filmarse sin llegar al extremo del aburrimiento, pero lo que sorprende es que a pesar de lo duro de lo que acontece en situaciones que parecerían imperdonables, al final haya un atisbo de optimismo en búsqueda de una solución, aunque sea con el simple gesto de volver a casa.
Uno se sigue cuestionando en que hospital permiten a chicos deambular en patineta con tanta displicencia y como las escenas pudieron filmarse sin llegar al extremo del aburrimiento, pero lo que sorprende es que a pesar de lo duro de lo que acontece en situaciones que parecerían imperdonables, al final haya un atisbo de optimismo en búsqueda de una solución, aunque sea con el simple gesto de volver a casa.
This movie is a miss

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