viernes, 6 de enero de 2012

El cine del fin del mundo > Siempre el mismo día (One Day)

The Unbearable Lightness of Friendship 

 En "Siempre el mismo día" (One Day), Lone Scherfig, directora de la aclamada "Enseñanza de vida" (An education), propone algo sumamente arriesgado: un melodrama que pone al espectador siempre por encima de los personajes y que no teme ser punzante a pesar de que pudiera resultar engañosamente complaciente.

Su guionista David Nicholls, quien adapta su propia novela, nos propone algo mas o menos similar a la también lograda "El último día que vi a mi padre" (When Did You Last See Your Father?): un melodrama donde los sentimientos pueden palparse aunque sus personajes no sepan como exteriorizarlos.

En "Enseñanza de vida", había un melodrama de crecimiento que funcionaba por su cuidado diseño de cinta de época (ubicada en los 60´s) y un gran reparto. Era un melodrama diseñado para ganar premios y permitir el lucimiento de todos sus actores. En esencia la trama trataba de una chica "inteligente" que se enamoraba del sujeto equivocado, pero que no se daba cuenta de ello debido al impacto que produce en una chica conocer a un hombre de mundo. Era una cuidada propuesta que sin embargo pecaba de convencional, pero agradabla al espectador porque sus personajes resultaban encantadores y carismáticos, sobretodo por las logradas actuaciones, especialmente de su protagonista, la oscareable Carey Mulligan y el simpático Alfred Molina como un "exigente" padre de ideas retrógradas.

En "Siempre el mismo día", estamos viendo básicamente la misma historia, una chica "inteligente" que se enamora del chico equivocado: un tipo egoísta, mujeriego y que no puede estar sobrio. Pero la protagonista no puede evitar lo que siente, pues el tipo en cuestión es el chico del que se enamoró en la universidad y el que se convertiría en su mejor amigo. A pesar de las similitudes, "Enseñanza de vida" y "Siempre el mismo día" tienen enfoques completamente diferentes, pues aquí Lone Scherfig no luce ni remotamente interesada en ganar premios y complacer a la crítica o al público, sino en contar un melodrama agridulce que explora parte de esa amistad a través de los años de manera punzante, sin temer incomodar o irritar al espectador ante las decisiones erróneas de los personajes.

El hecho de que sepamos lo que sucede a nivel emocional  en los protagonistas y que sus decisiones son equivocadas nos pone siempre por encima de los personajes y cualquier película que haga eso siempre toma el riesgo de resultar molesta. No es una deficiencia en sí, pero si una decisión que la directora logra sortear con gracia, pues su buen entendimiento de los sentimientos femeninos llevan la historia de forma que le creemos a la protagonista que no puede evitar estar enamorada de ese chico que sabemos que no le conviene:  el amor como un acto que no se decide voluntariamente.

A partir de una estructura sumamente interesante, vemos sólo fragmentos de esa relación. Comenzamos en un 15 de julio de 2006 para luego dar vuelta en reversa y llegar al 15 de julio de 1988, fecha en que los protagonistas se conocen al graduarse de la universidad y deciden pasar la noche juntos. Ante la torpeza del encuentro, deciden convertirse en amigos. A partir de aquí veremos la evolución de la relación pasando al 15 de julio de los siguientes años. No vemos más allá, vemos sólo lo que ocurre el 15 de julio de cada año entre este par hasta llegar a la fecha prometida: 15 de julio de 2006. 

Aquí hay otro riesgo que aplaudirle a la directora, pues ya sea que sea confianza extrema en el espectador o que simplemente no le importe mucho lo que uno piense, cuenta su historia de tal manera que no tenemos más contexto que lo que ocurre en esos días y uno tiene que imaginar lo que va ocurriendo entre estos dos en medio de estos años para tratar de entender que estamos viendo los momentos malos en este día en particular y que son los momentos que no vemos los que hacen que la relación se mantenga a pesar de la turbulencia.

No es un vehículo de lucimiento para los actores como la anterior cinta de Scherfig, pues aquí ella controla a Anne Hathaway y Jim Sturgess de tal manera que nos caen más mal que bien, pero todo ello en beneficio de la historia. Cierto, hay ciertos matices que los actores pudieron mejorar, como Anne Hathaway quien comienza con un adictivo acento británico y lo va perdiendo conforme su personaje envejece. Hathaway sin embargo lo hace bien cuando su personaje refleja esa tímida inseguridad que disfraza con un sarcástico humor. Jim Sturgess está bastante bien controlado como un patán exitoso que se va perdiendo dentro de su propia fama como conductor de un programa musical. La siempre confiable Patricia Clarkson, esa si simplemente aprovecha su encanto y un sutil Rafe Spall no desmerece como un resignado comediante incapaz de hacer reír, al que no lequeda más remedio que ser el premio de consolación de la protagonista.

El diseño de época también es poco cuidadoso pero particularmente eficiente, nuevamente como para recalcar que no hay interés en ganar premios. La década de los noventas es retratada con la simpleza de colocar un programa musical británico y algunas canciones que nos brindan el espíritu de cada año, como cuando suena "The Rhythm of the Night" de Corona y sabemos en que año estamos sin complicaciones. Lo mismo ocurre con los actores quienes cambian de edad con simples cortes de cabello que resaltan ciertas características de sus rostros.

Y la banda sonora se toma como un vals no asumido al que se le quita su acompañamiento de tres cuartos, como para reflejar el amor que no asumen los personajes a través de los años. La buena mano de la directora hace que anticipemos lo que sucederá en los momentos adecuados para poder crear impacto cuando esto sucede. No es que la historia se vuelva predecible, sino que ella lo hace predecible en el momento justo.  Y los momentos de humor siempre tienen cierta acidez, ensañándose con algún personaje.

Siempre asumiéndose como una historia agridulce que no pierde el sentido romántico, pero que es cruel con todos sus personajes, "Siempre el mismo día" es un melodrama en comunión con el más logrado drama "Triste San Valentín" (Blue Valentine), pues vemos fragmentos que van deconstruyendo una relación que no puede terminar bien, ¿o sí?.

Y si bien hay años mejores que otros, días más interesantes y 15 de julios donde no pasa absolutamente nada importante que hasta olvidamos recordar, como en la vida misma, "Siempre el mismo día" alcanza las notas correctas, pues dentro de esa crueldad muestra un honesto optimismo que puede entenderse como complaciente, pero ante la crueldad de la vida y de las relaciones con las personas que amamos, a veces sin saber porqué, el optimismo no puede ser complaciente, más bien es la única alternativa.

This movie is a hit











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