PERSONAJES QUE TOMAN CONCIENCIA
Si uno observa el avance de “Des-autorizados” se dará una buena idea de que lo que verá será un revulsivo ejercicio de personajes que toman conciencia de si mismos demasiado hiperactivo para su propio beneficio. Desde sobreexplicaciones sobre lo que está sucediendo, ridículos golpes en la onda de la serie televisiva de Batman e ingeniosísimos encuadres que resultan completamente huecos pero hipnóticos en su alto grado de dificultad.
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La directora está demasiado consciente de su juego, lo cual no ayuda en nada a la historia, pues esa autoconciencia es lo que hace que la película resulte aún más irritante de lo que debiera, asumiéndose como un juego de muñecas rusas donde la propia directora es un personaje que escribe una película sobre un escritor que a su vez escribe una obra de teatro sobre otros personajes, los cuales a su vez son interpretados por otros personajes dentro de la obra.
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Con este tipo de estructuras el juego tiene alto grado de dificultad, pues si no se toma nada en serio se corre el peligro de que los personajes literalmente se salgan de control y si se toma demasiado en serio se corre el riesgo de parecer pretencioso. En parte “Des-autorizados” falla en ambas cosas, pues aunque se supone que dentro de la misma historia los personajes se salen de control, la autora está tan conciente de lo que está haciendo que todo se siente completamente forzado.
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Pareciera una cinta que pretende llegar sólo a los escritores como una serie de mal logradas bromas sobre el proceso de creación y sobre como los personajes, llegado el momento, se escriben solos pues han tomado vida propia. Contradictoriamente justo por como la autora siempre está conciente del juego, los personajes realmente nunca toman forma propia, por más que dentro de la historia se salgan de control o sean concientes de si mismos siempre se sienten como títeres de una fuerza superior: la todopoderosa directora.
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Aunque también por más que uno quiera dejar de ver ante lo que resulta un continuo dolor de cabeza por lo revulsivo del relato, “Des-autorizados” logra mantener nuestra atención debido a su increíble e ingenioso despliegue visual que bien podría ser envidiado por el mismísimo Jean Piere Jeunet. La dirección de arte, también cortesía de la omnipresente directora Elia K. Schneider y Maitena de Elguezabal tiene muchas cosas en común con el famoso director de “Amelie”.
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Incluso en sus momentos más revolucionados hay una destreza visual que posee un encanto imposible de ignorar, como cuando suena la tradicional canción irlandesa “Irish Washerwoman” tocada al violín por un gángster y el protagonista es forzado a mecanografíar siguiendo el ritmo de las notas mientras que otro gángster observa. Al finalizar, el gángster lee el escrito y como para mostrar su desaprobación se come el papel, forzando al escritor a volver a comenzar.
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Este tipo de juegos visuales abundan durante toda la cinta, desde besos multiculturales en gradas deportivas, perfección estilistica en un kiosko donde se venden frutas donde los personajes se congelan mágicamente, cambios progresivos del blanco y negro al color que recuerdan a “Amor a colores” (Pleasantville), horrorosos números musicales kitch que lo mismo suenan como fresas con crema que a “Me vale” de Maná y hasta un basurero tomado como paraíso de playa donde los personajes se han dado cuenta que han entrado al mundo real, que no es sino el mundo de fantasía donde habita el ficticio escritor.
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Eso es lo que reconforta un poco y hace más tolerable el sobreesfuerzo por contar sin éxito una enredada historia que no tiene pies ni cabeza y que no llega a ser lo divertida que debiera pues injustamente a sus personajes nunca se les permite despegar. El desorbitado esfuerzo sería un producto lamentable sin ese ingenio visual. Mención especial a los actores quienes toman lo màs en serio posible su papel, quienes también son usados como mera coreografía visual la mayor parte del tiempo.
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De cualquier forma, la cinta palidece incluso ante esfuerzos similares recientes como “Esta no es una película” (This is not a movie) u “Ocean Blues” que han resultado duramente criticados por muchas de las mismas razones: ser demasiado autoconcientes de su juego. En mi opinión aquellas dos funcionan porque no se toman demasiado en serio y tienen personajes bien aterrizados, mientras “Des-autorizados” no lo hace porque se toma demasiado en serio y sus personajes nunca pueden despegar.
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Y si hablamos de personajes que toman conciencia propia o que son manipulados por una fuerza omnipresente siempre habrá otros esfuerzos más memorables: “Más extraño que la ficción” (Stranger than fiction) o “Nueva York En Escena” (Synecdoche, New York) son buenos ejemplos recientes. Pero supongo que la metaficción podrá resultar interesante por si misma para aquellos que sólo busquen un tibio ejercicio con extraordinarios juegos visuales.
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Después de todo “Des-autorizados” a nivel visual es una de las cintas más interesantes de este año.
This movie is a mess.

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