martes, 15 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > “Play. Juegos de hoy” (Play)

ASALTO CHIDO

Si una cosa he de admirarle a un director de cine es cuando éste logra con una simple secuencia que sepamos quien es el que está filmando la película. Con todo el estilo que caracterizaba a  la extraordinaria “Involuntario” (De ofrivilliga), el sueco Ruben Östlund continua empleando el sello de la casa y cuenta su historia en su mayor parte a través de planos fijos que dotan al relato de un peculiar ritmo y un realismo que se consigue también gracias a la gran dirección de actores.
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Un quinteto de chicos  negros se reune en el centro comercial buscando víctimas a quienes asaltar, o como dirían en mi barrio, a quienes basculear. Los chicos no pasan de los 15 años y usan el método que emplearía cualquier chico abusivo, intimidar a sus víctimas en lo que es para ellos un simple juego de poder.
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“Play. Juegos de hoy” (Play) es un gran ensayo sobre los chicos abusivos que nunca teme jugar con los estereotipos raciales. Ahí están los dos chicos blancos a quienes los negros intimidan con una saña que es para ellos un simplemente divertimento. Ahí está el amigo chino al que los dos chicos blancos intentan mandar sin éxito, nada más por ser el de los ojos rasgados. El chico con rastas del autobús al cual le pregunta el negro que si es de Jamaica y que le cante un reggae.
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Los mismos chicos negros conocen a la perfección como manejar dichos estereotipos en su favor: cuando les conviene ser los negros peligrosos usan esa imagen y cuando les conviene usar la carta de víctimas tampoco temen usarla, todo sea por la basculeada. Incluso están conscientes de que su juego sería lo que un policía haría con la rutina de policía bueno/policía malo a la cual rebautizan como la rutina del hermano menor y el hermano mayor para engatusar incautos.
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El hecho de estar observando una película de bullying contada con tal detalle provoca lo mismo frustración que identificación. Si uno se lo toma en serio es natural sentir impotencia ante la situación, pues los niños que resultan ser las víctimas nunca toman las mejores decisiones cuando pueden huir del problema. Al mismo tiempo uno observa a los adultos actuar de forma indiferente minimizando el problema o actuar de una forma activa pero sin conocer a detalle lo que en verdad está ocurriendo.
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Este tipo de detalles son los que logran hacer pensar al espectador como reaccionaría ante esta situación, pero también resulta fácil identificarse porque en algún momento uno ha vivido este tipo de abuso.  Östlund toma siempre la ruta complicada pues si uno no se lo toma en serio, el cinismo de los muchachos de color resulta francamente hilarante, asi que uno también siente cierta malsana simpatía por los victimarios.
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En uno de los puntos más logrados de la cinta, por ejemplo, vemos un eco de honesta camaradería entre víctimas y victimarios. Uno de los chicos negros le dice a uno de los blancos que se pueden ir a su casa si éste logra hacer 100 lagartijas. Nosotros como espectadores estamos concientes de que simplemente se están burlando, pero cuando el chico acepta el reto provoca una inesperada reacción donde vemos que todos desean que el chico lo logre, nosotros incluidos. Es una escena llena de euforia que remite a la niñez, demostrando la complejidad de los personajes quienes aún poseen esa capacidad natural de asombro a pesar de sus abusos. Es también un momento de verdadero genio cinematográfico.
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Los victimarios también se convierten en víctimas en al menos un par de ocasiones. Y con todo esto, a Östlund no se le olvida que el título de su película es justamente un juego y no se olvida de jugar, insertando de manera intermitente la misteriosa historia de una cuna que estorba a la mitad de un tren, ante la cual observamos como de manera desesperada anuncian en el altavoz del tren que por favor muevan esa cuna porque estorba el paso, pero al igual que sucede con los niños abusivos: nadie hace nada.
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Tan es así que al final los regañados serán los mismos abusados, ellos tienen la culpa por ser tan mensos. Con una crítica asi de ácida no queda mas que reír y ponerse de pie. El verdadero abuso resulta ser un innecesario epílogo que extiende el relato cuando ya todo el conflicto ha concluído. Innecesario porque resulta redundante contar más cuando ya todo está dicho, aunque uno entiende el capricho de Östlund por cubrir todas las aristas del relato.
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“Play. Juegos de hoy” además de ser una de las cintas más notables sobre el bullying nunca teme ser poco convencional. Es sin duda una cinta extraña, la cámara está inmóvil, sin emitir juicios. Y al mismo tiempo, el dinamismo de cada escena resulta brutalmente espectacular.  Nos sumerjimos en la pícara sonrisa del pequeño negro abusivo y en la angustiada mirada del blanco desesperado quien sabe que está entrando en una trampa sin salida a la cual no puede evitar.
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En manos de un cineasta talentoso como Östlund, el abuso está para entretener al espectador, al mismo tiempo que provoca interesantes reflexiones sobre el mismo. Todo esto sin pretender ser una moraleja, pues ésta nos es negada hacia el final. El blanco le toca al negro “The Entertainer”, pues esta ahí para divertir al negro.
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Es también gran parte de lo que caracteriza al Foro Internacional de la Cineteca, un cine poco convencional que atrapa al espectador.

This movie is a gem.

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