miércoles, 16 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Pequeñas Voces

DEPRISA DEPRISA RUMBO PERDIDO

Si juzgáramos a un documental simplemente por lo valioso de sus testimonios, “Pequeñas Voces” sería un gran trabajo gracias a sus pequeños protagonistas quienes nos relatan la manera en que perciben el clima de violencia en el que viven. Por desgracia el  juicio no puede ser tan simple y pese a sus buenas intenciones las cosas fallan notablemente.
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Crear un documental completamente animado no es cosa sencilla, pero puede tener resultados asombrosos y arriegadamente innovadores como sucedía con “Vals con Bashir” (Vals Im Bashir).  Del otro lado del espectro llega “Pequeñas Voces” cuyo mérito, repito, es el valioso y valiente testimonio de varios niños que relatan desde su perspectiva las experiencias que han vivido en una Colombia donde nadie está seguro ante ejército y guerrilleros.
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Al estar contada desde la mirada de los niños, el trabajo del director debiera estar enfocado en aterrizar los testimonios y darles un sentido dramático adecuado de forma que aunque no entendamos de forma amplia lo que sucede, sepamos que lo que sucede no es bueno. Para mala fortuna la decisión de Jairo Carrillo y Óscar Andrade es dejar que la película camine sin dirección alguna, pensando que lo más honesto será dejar que los niños hablen por si mismos.
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Es una decisión entendible si uno toma en cuenta que el documental luce ese sentimiento de no manipular lo que se nos está contando para  que sea precisamente la perspectiva de los niños la que dicte el relato. Sin embargo el efecto resulta contraproducente, pues la responsabilidad de dirigir la película  recae en quien no debe.
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Así como un niño no tendría porque estar viviendo en condiciones de guerrilla donde lo mismo pueden encontrar a otros niños asesinados, a guerrilleros y grupos paramilitares tratando de enlistarlos a su causa o vivir en una zona de conflicto donde pueda haber alguna mina o alguna granada que explote sin previo aviso, tampoco tendría porque caer en ellos la responsabilidad de dirigir el relato.
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Ante esta decisión, todo termina luciendo más como un balbuceo bien intencionado al cual es imposible odiar por completo, pero en el cual uno termina molesto por no poder involucrarse en el drama, pues los defectos terminan resultando distractores que no lo dejan adentrarse a uno en lo que se cuenta.
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El artesanal trabajo de animación es por igual bastante disparejo. Basado en los dibujos (algunos de los cuales vemos durante los créditos finales) de los propios niños,  la animación toma ese estilo visual y es usado para contar las historias de los cuatro protagonistas. Justamente como no hay dirección estas historias se sienten como viñetas dispersas y aunque en principio la rústica animación luce bien cuidada y con efectos 3D bastante llamativos, conforme avanza la historia ya no hay tanto cuidado en el estilo. Limitaciones del presupuesto quiero pensar, pero es una de las cosas que terminan diluyendo lo que sucede.
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Lo mismo pasa con la musicalización que luce un sumamente agradable estilo que sabe a vallenato  como buen complemento ante la inocencia con lo que se cuenta todo, pero que termina resaltando de forma torpe los momentos climáticos debido a que el estilo de la música cambia como para reforzar el drama y es este cambio lo que termina distrayendo aún más notablemente estos momentos que son realmente duros.
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Por instantes este balbuceo es completamente literal y los personajes dicen cosas ininteligibles cual minions de “Mi villano favorito” (Despicable Me) lo cual también resulta un distractor, sobre todo cuando estos balbuceos suceden en momentos realmente crueles pues resulta una mezcla de elementos incompatibles: cómico balbuceo frente a un crudo momento dramático.
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La cinta palidece cuando se enfrenta a cintas que hablan sobre los mismos temas, desde “Voces Inocentes”, pasando por “Las tortugas también vuelan”  (Lakposhtha hâm parvaz mikonand), hasta llegar a “Buda Explotó de vergüenza” (Buda as sharm foru rikht). Incluso ante una cinta muy fallida de temática similar  como “Los colores de la montaña” hay poca competencia, pues aunque ambas estén contadas desde la perspectiva de los niños, una al menos tiene un arco dramático más consistente.
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Desde luego que esto no es culpa de los niños, sino de los directores. “Pequeñas Voces” podría funcionar si usted no conoce muchas cintas sobre el tema, después de todo la fuerza de los testimonios es lo que termina impulsando todo: esa inocencia de la niña que puede reír recordando a su padre, ese dejo de esperanza del niño que tuvo que pelear una guerra que no entiende, el amor de aquel otro niño por sus mascotas y la fuerza de voluntad del que ha sufrido un accidente. No debiera ser así, pero que quiere, asi son las cosas.
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En cierto modo representa lo que no me gusta del Foro de la Cineteca: una cinta que sin duda intenta aportar en la forma en que se cuenta todo, pero que termina siendo más el esbozo de lo que podría haber sido un buen documental si hubiera un mejor dominio del lenguaje cinematográfico, o al menos una pizca de dirección.

This movie is a miss.

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