EN TIERRA DE VIKINGOS
¿Cualquiera que se tome a si mismo y cuanto lo rodea con
una cámara casera puede hacer cine?. Es la pregunta que surge al
observar “Vikingland” del director español Xurxo Chirro pero filmada por
el marinero Luis Lomba, donde seguimos sus ires y venires dentro de un
barco. A diferencia de otras cintas hechas con supuesto “material
encontrado”, aquí tenemos un auténtico trabajo del tipo pero no espere
usted ver trolls, monstruos, extraterrestres o brujas que persigan a los
protagonistas. Simplemente vemos a un marinero filmando con una cámara
casera.
.
En ese aspecto, la historia recuerda a la contemplativa
“Liverpool” de Lisandro Alonso, sobre un marinero que llega a una
sórdida región al cual nos limitamos a seguir. En ese sentido, un
servidor también considero a “Liverpool” como la peor película de su
respectivo año pues para mi el único reto fue que el sueño no me
venciera. No me ocurrió exactamente lo mismo con “Vikingland” cuyo reto
fue llegar hasta el final, pero no me provocó somnolencia y aún así,
terminé extrañando el intento de historia de “Liverpool”, lo cual no
puede ser nada bueno.
El trabajo del director se limita a manipular el material en la sala de edición dividiendo la “historia” en pequeños capítulos. Es lo que haría cualquier documentalista que filma con la limitante de hacerlo sólo con material ya existente, pero sin cabezas parlantes que nos guien a través de las imágenes de archivo, a no ser las cabezas parlantes de los que están siendo filmados. En su mayoría la edición va siguiendo un orden más o menos cronológico, pues vamos de octubre de 1993 a marzo de 1994. La cámara casera nos indica en todo momento la fecha y la hora en lo que ocurrió lo que vemos, asi que sabemos con certeza cada vez que damos saltos en el tiempo.
Los mejores momentos de “Vikingland” se encuentran cuando el marinero juega a hacer cine, consciente de que le está contando algo a ese misterioso objeto llamado cámara. Cuando nos cuenta que no está haciendo una porno, que sólo quiere bañarse. Cuando ensaya melodías junto a uno de sus compinches y este le pide que apague la cámara para ensayar, cual actor suplicándole al director y hasta sugiriéndole que la escena necesita de un villancico. O cuando parece resistirse a no tocar la guitarra de aire mientras escucha “Entre dos Tierras” de los Héroes del Silencio y a “Barracuda” de "Heart”.
Fuera de ese episodio todo lo demás son simples observaciones dentro del barco, del cual nos enteramos ya algo avanzado el filme, que no se trata mas que de un ferry. Funciona para documentar como era la vida cotidiana del marinero, aunque no sea particularmente informativo pues se limita a retratar, asumiéndose como una especie de antítesis de Moby Dick, ajáb.
Con todas esas limitantes, es de esperarse que no suceda nada demasido interesante a no ser cuando el protagonista manipula las cosas para salir del tedio. Vemos a los carros entrar y salir del ferry, a los trabajadores del barco en la cocina, una tranquila cena de Navidad, meter cajas al almacén, bellas imágenes del mar congelado en el que el ferry avanza incesantemente, dando el efecto como si la tierra fuera la que se mueve y el ferry permaneciera inmóvil.
Respondiendo a la pregunta inicial, si, cualquiera puede hacer cine con una camarita y mucho talento. Lo malo es que Luis Lomba no pretendía hacer cine, por lo que el loable esfuerzo de Xurxo Chirro de editar el material filmado luce inútil ante el tedio de la vida cotidiana surgido del paisaje de los bellos mares congelados.
This movie is a mess.
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