domingo, 6 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights)

 EL PRIMER AMOR SIEMPRE ES UN ACTO VIOLENTO

Recuerdo cuando era niño haber disfrutado la lectura de bastantes novelas de época. Aquellas que tenían una perspectiva más femenina me hacían sentir que conversaba con una bella mujer quien me solía contar una historia de amor imposible, como si gozara de dicha imposibilidad. Era como si lo valioso del romance fuera que tuviera que superar toda adversidad.


Cumbres Borrascosas, sin duda una de las obras cumbres del género, goza de una complejidad mayor de la media. Dicha complejidad no está sólo en el número de personajes o situaciones, sino en la inteligente estructura y en lo poderoso que resultan las emociones/sentimientos de los protagonistas y en el sentido que le da su autora Emily Bronte a cada palabra del texto para transmitir dichas emociones al lector. Todos estos elementos hacen pensar que la historia es una mezcla hecha en el cielo cuando la combinamos con la directora Andrea Arnold, autora de la extraordinaria “Fish Tank”, pues uno percibe que enfocará su relato nuevamente en las pulsaciones de sus protagonistas y que mejor que hacerlo con una de las obras literarias más dulcemente rabiosas.

En ese aspecto Arnold tiene nuevamente un éxito contundente. Su adaptación cinematográfica de la novela de Emily Bronte le quita cualquier sentimentalismo del que pudiera gozar la obra original y se enfoca en lo más valioso del relato, ese asfixiante sentimiento que provoca el amor que no puede ser. Sus protagonistas, nuevamente atrapados en una pecera, siguen siendo adolescentes llenos de energía contenida que explota en violentas manifestaciones de amor. Es por eso que el momento más romántico que encontramos será el dulce jalón de cabello que le propina Kathy Earnshaw al silencioso Heathcliff mientras ambos se miran como invocando al deseo.  Queda claro desde la secuencia inicial que la intención es golpear al espectador con un cruel relato de amor.

La historia transcurre en una granja donde un joven de raza negra es adoptado por un bondadoso pero estricto señor Earnshaw. El joven es aceptado de inmediato por la hija menor, la pequeña Kathy (Shannon Beer en versión joven y Kaya Scodelario en versión adulta) , quien lo trata igual que a un hermano, pero no asi por el hijo mayor Hindley (Lee Shaw), para el cual el joven de color no es más que un gitano embustero que merece ser tratado como sirviente. El joven es bautizado como Heathcliff (Solomon Glave versión joven y James Howson versión adulta) y de inmediato surge la atracción entre  él y Kathy, pero como buen drama de época obliga, cuando el padre de Kathy muere, Heathcliff será degradado de hermano a mero esclavo trabajador de granja por el envidioso de su hermano postizo, lo cual provocará que Kathy y él comienzen a distanciarse.

A partir de ese conflicto básico (¿clásico?) es que se teje toda la historia. Si algo caracteriza a Arnold aquí es como enfatiza los pequeños gestos de los personajes con gran astucia. Ese tirón de cabello que implica un te amo, ese olor de cabello que nos muestra el inicio del amor, esa caricia a un caballo que en realidad es una lujuriosa caricia a la mujer amada, esa mirada que nos avisa que alguien sigue enamorado. El talento de los actores queda de manifiesto a través de dichos gestos: el joven Solomon Glave que destila una mirada llena de rencor, la joven Shannon Beer quien seduce con una agresiva mirada, la belleza fragilidad que muestra el rostro de Kaya Scodelario y en menor medida el orgulloso desencanto del rostro de James Howson. En estas cumbres borrascosas la inexpresividad de los personajes secundarios contrastan con las de los protagonistas, exceptuando al agresivamente racista Lee Shaw.

La cámara de una cinta que es técnicamente similar a “Fish Tank” intercambia los suburbios ingleses por un desoladamente bello paisaje rural mucho más malickiano que bronteano, aunque algo hay de ambos. El paisaje es lo que le cambia y da la atmósfera, pero no todo es miel sobre hojuelas, hay dos motivos por los cuales reclamarle a Arnold.  El primero es que a diferencia de Brontë, no logra inducir esas emociones al espectador, pues los personajes gozan de un sufrimiento que se siente lejano a la audiencia.  Si el relato se enfoca en las pulsaciones y los actores están expresando esas emociones con gran talento, es culpa de Arnold que los momentos climáticos no alcanzen esa sensación punzante que alcanzaban los tres momentos climáticos de la susodicha “Fish Tank”. “Cumbres Borrascosas” es punzante si, pero no en la medida de sus posibilidades.

El segundo reclamo es en una de  las dos elipsis donde avanzamos en el tiempo. Este tipo de elipsis narativa por fuerza rompe el relato pues los personajes ya no son los mismos, pero la clave está en que no se pierda el ritmo de tal manera que el espectador logre llenar los huecos y lo más importante, aceptar el cambio súbito de personalidad. La primera vez, vemos a los personajes años después y Arnold sale más o menos bien librada gracias a la expresividad de Kaya Scodelario. La segunda vez donde sólo pasan unos cuantos meses, Arnold sale muy mal librada, pues aunque entendemos por qué los personajes ya no son los mismos, este cambio súbito pareciera que altera parte de su esencia cortándole todo el ritmo a los momentos que nos debieran llevar al clímax de la cinta.

Son dos fallas graves que le restan impacto a una cinta llena de cualidades. Si vas a contar “Romeo y Julieta” por enésima vez, la narración lo es todo, la que le da una nueva e interesante voz a la historia. Cuando uno ve  “Romeo y Julieta” por primera vez, es la novedad y la poderosa historia lo que engancha.  Si te la van a contar de nuevo, es la forma en que se cuenta la que adquiere un mayor significado.  Lo mismo aplica para “Cumbres Borrascosas”, por lo que no se puede tener este tipo de fallas si quieres sorprender a alguien que sabe de que va el asunto. Aunque usted me dirá que eso no es culpa de Arnold y quizá  tenga usted razón, después de todo, los clásicos literarios siempre serán valiosos para aquel que los descubra por primera vez.

This movie is a hit

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