INNUENDO
Mientras un par de personajes comparten una
escena de cama (no en el sentido que usted está pensando), la mujer le
pregunta al hombre: “Y tú, ¿cómo te sientes?”. A lo cual él responde:
“Me siento un poco ridículo”. La mujer sin inmutarse le dice: “Ya te
acostumbrarás”.
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Eso es lo que le pasa a uno como espectador
al observar “Abrir puertas y ventanas”. Uno se siente un poco ridículo
de no entender a bien que es lo que les pasa a las tres protagonistas,
pero eventualmente uno termina por acostumbrarse a este relato
costumbrista que se cuenta a base de insinuaciones.
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Uno es como el vecino que no sabe lo que
pasa y que cuando pregunta qué es lo que está pasando, las chicas
simplemente responden que no está pasando nada y a pesar de ello, uno
quiere saber más.
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Totalmente fuera de contexto, todo lo vemos
desde una limitada perspectiva pues la puesta en escena nos encierra en
la casa donde viven estas tres jóvenes mujeres que lo mismo podrían ser
compañeras de casa, amigas o parientes, entre las cuales notamos que
existe cierta animosidad.
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El gran trabajo de la directora Milagros
Mumenthaler se ve reflejado en la complicidad de sus actrices, quienes
son capaces de transmitir amor a pesar del desdén de sus personajes,
dotando a la historia de ese toque intimista que se busca y se pide a
gritos. Ninguno de los personajes respeta su propio espacio pero las
tres buscan, a su modo, refugiarse en su propio mundo, ya sea yendo al
sótano donde nadie moleste, ya sea encerrándose en su cuarto con llave
escondiendo algún secreto o bien, usando artículos que no les
pertenecen.
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Como para reflejar sus contrastantes
personalidades tenemos a la chica floja con aire de espíritu libre, a la
chica responsble pero insegura de si misma y a la chica guapa pero
celosa/envidiosa. Las tres disímbolas personalidades conviven en la
misma casa ya sea tomando el sol, mirando coquetamente al guapo vecino,
escuchando sus canciones preferidas o lanzándose sendas indirectas pues
como dijera el clásico: “Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás
nos haremos daño”.
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Es evidente que algo más está sucediendo
detrás de las actitudes de estas tres mujeres, sin embargo la decisión
de Mumenthaler de descontextualizar la historia no nos permite saber
exactamente lo que sucede. Poco a poco nos va sugiriendo y nos va
soltando pequeñas pistas en aras de que uno no pierda el interés. Y lo
logra.
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Eventualmente conoceremos el parentesco de
estas tres muchachas, entenderemos porque el ambiente de pesadumbre e
intuiremos el porque no pueden decirse las cosas de manera frontal.
-Nunca tendremos la perspectiva completa pues mientras ellas salen
finalmente de la casa, nosotros nos quedamos mirando una sala vacía,
como si lo personajes abandonaran el cine antes que nosotros.
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Es como dice uno de los personajes al final:
“No entendí mucho, ¿a quién le habla?”. A nosotros, aunque tampoco
entendamos mucho, lo intuimos todo a través de un constante coqueteo cinematográfico.
This movie is a hit.













