miércoles, 30 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Abrir Puertas y Ventanas

INNUENDO

Mientras un par de personajes comparten una escena de cama (no en el sentido que usted está pensando), la mujer le pregunta al hombre: “Y tú, ¿cómo te sientes?”.  A lo cual él responde: “Me siento un poco ridículo”. La mujer sin inmutarse le dice: “Ya te acostumbrarás”.
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Eso es lo que le pasa a uno como espectador al observar “Abrir puertas y ventanas”. Uno se siente un poco ridículo de no entender a bien que es lo que les pasa a las tres protagonistas, pero eventualmente uno termina por acostumbrarse a este relato costumbrista que se cuenta a base de insinuaciones.
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Uno es como el vecino que no sabe lo que pasa y que cuando pregunta qué es lo que está pasando, las chicas simplemente responden que no está pasando nada y a pesar de ello,  uno quiere saber más.
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Totalmente fuera de contexto, todo lo vemos desde una limitada perspectiva pues la puesta en escena nos encierra en la casa donde viven estas tres jóvenes mujeres que lo mismo podrían ser compañeras de casa, amigas o parientes, entre las cuales notamos que existe cierta animosidad.
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El gran trabajo de la directora Milagros Mumenthaler se ve reflejado en la complicidad de sus actrices, quienes son capaces de transmitir amor a pesar del desdén de sus personajes, dotando a la historia de ese toque intimista que se busca y se pide a gritos. Ninguno de los personajes respeta su propio espacio pero las tres buscan, a su modo, refugiarse en su propio mundo, ya sea yendo al sótano donde nadie moleste, ya sea encerrándose en su cuarto con llave escondiendo algún secreto o bien, usando artículos que no les pertenecen.
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Como para reflejar sus contrastantes personalidades tenemos a la chica floja con aire de espíritu libre, a la chica responsble pero insegura de si misma y a la chica guapa pero celosa/envidiosa. Las tres disímbolas personalidades conviven en la misma casa ya sea tomando el sol, mirando coquetamente al guapo vecino, escuchando sus canciones preferidas o lanzándose sendas indirectas pues como dijera el clásico: “Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”.
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Es evidente que algo más está sucediendo detrás de las actitudes de estas tres mujeres, sin embargo la decisión de Mumenthaler de descontextualizar la historia no nos permite saber exactamente lo que sucede. Poco a poco nos va sugiriendo y nos va soltando pequeñas pistas en aras de que uno no pierda el interés. Y lo logra.
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Eventualmente conoceremos el parentesco de estas tres muchachas, entenderemos porque el ambiente de pesadumbre e intuiremos el porque no pueden decirse las cosas de manera frontal. -Nunca tendremos la perspectiva completa pues mientras ellas salen finalmente de la casa, nosotros nos quedamos mirando una sala vacía, como si lo personajes abandonaran el cine antes que nosotros.
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Es como dice uno de los personajes al final: “No entendí mucho, ¿a quién le habla?”. A nosotros, aunque tampoco entendamos mucho, lo intuimos todo a través de un constante coqueteo cinematográfico.

This movie is a hit.

martes, 29 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Amnistía

MECÁNICA DE LA VISITA CONYUGAL

Pese a lo que indica su título, en "Amnistía" el director Bujar Alimani nos trae una película con muy pocas concesiones hacia el espectador, encarcelándolo en un letárgico relato cuya opaca narrativa provoca que uno pida amnistía y lo dejen a uno salir del cine.  La cinta proveniente de Albania justifica su presencia en el Foro de la Cineteca debido a su temática y a su “poco convencional” forma de contar la historia.
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En Albania, una nueva ley permite que los prisioneros puedan recibir visitas conyugales. Una mujer que vive junto a su suegro viaja hacia Tirana para visitar a su esposo en prisión. De la misma forma, un hombre que se entretiene viendo pornografía va a la misma prisión a visitar a su esposa. En lo que será uno de los pocos puntos interesantes de la cinta ambos se encontrarán y surgirá un inesperada química debido a la similitud de su situación.
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En realidad, por la forma en que está contada, uno no entiende hacia donde se dirige la película hasta muy avanzada la trama, pues pareciera que trata de ocultarnos cual es su conflicto principal, a no ser que sea el hartazgo de sus dos protagonistas quienes tienen sexo con sus respectivos cónyuges de una forma tan fría y mecánica que bien pudieramos estar observando una muñeca inflable.
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Con escenas que van sobre el marido tratando de acomodar una lavadora ya sabemos que la propuesta no intenta entretener, pero tampoco lucen con demasiada justificación o técnica como para interesar al espectador en lo que le sucede o no le sucede a los personajes. Una vez que sucede el conflicto principal  que no es sino hasta que llevamos una hora de película, la cinta entrega 5 minutos algo interesantes pues finalmente algo sucede, pero después volvemos al letargo original para regresar a un final que sería digno de los alumnos de Carlos Reygadas si este tuviera una mejor ejecución. Aunque entendemos porque uno de los personajes reacciona así, luce como un final con poca justificación dada la actitud conciliadora que había mostrado el mismo personaje unos minutos antes.
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Del lado amable esta el tema que si bien no desarolla ampliamente si logra meter al espectador en un ambiente hostil en un país que a pesar de mostrar una difícil situación, muestra como los personajes que comparten el mal momento no temen ayudar a un extraño.  Y quizás el hecho de que uno no sepa hacia donde dirige el relato no haya sido tan mala decisión, pues dado lo poco que sucede en la cinta si supieramos de inicio con exactitud que es lo que sucede, la cinta debería durar 10 minutos en vez de 87.
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Dadas las circunstancias no me pida que le cuente más, se trata de una de las cintas menos logradas del 32° Foro de la Cineteca.

This movie is a miss

lunes, 28 de enero de 2013

FICUNAM 2012 > Aciertos: Cortometrajes de escuelas de cine

1. “Jericó”: Como si el cumpleaños de una madre se tratara de una famosa batalla, una pareja llega a la cena para celebrar el aniversario de mamá. El novio es enviado a comprar champiñones lo que provocará un momento incómodo cuando la hija se quede sola con su mamá, pues hay una confesión que revelar…o quizás dos.  Ciertamente una obra fallida en la que cuesta más trabajo del que debiera entender la dinámica de la situación y por lo tanto las confesiones no terminan por interesar demasiado.  Las acartonadas actuaciones tampoco ayudan a acentuar la incómoda situación aunque el guión ofrece un divertido momento de baile que recuerda al de la oscareada “Los Nuevos Inquilinos” (The New Tenants).  Ecuador Miss

2. “Dulce de coco” (Doce de coco): Una joven brasileña acaba de terminar el año escolar por lo que ayuda en casa a preparar dulce de coco. Cierto día va al río y su madre la deja a cuidar la ropa que se está secando, situación que aprovecha un coqueto chico brasileño que la reta a un concurso de aguantar la respiración bajo el agua, concurso en el cual el chico seducirá de mañosa manera a la ingenua chica. Un cortometraje bastante redondo, quizás con algún pequeño problema en la transición de la primera parte a la segunda, pero logra sortear el problema con gracia. Su primera sección tiende a la jocosidad, la segunda a un costumbrista melodrama familiar. Ambas secciones ocupan uno de los adjetivos que más me gustan: bonitas.  Brasil Hit

3. “Atlas”:  Cuerpo, escultura, explosiones, atlas.  Son las primeras palabras que se le vienen a uno a la mente cuando uno ve este tibio ensayo sobre la relación del cuerpo humano con otros cuerpos. Dividido en secciones que manifiestan que las relaciones del cuerpo son infinitas: desde el arte, la arquitectura, la historia, la industria, el deporte, hasta llegar nuevamente al cuerpo humano como explosión artística. Lo mejor son las comparaciones del entrenamiento en el gimnasio como si el cuerpo fuera una fábrica industrial, el infame coloso bicentenario reflejando la reconstrucción de un cuerpo que desea escapar de las masas o esa lucha del hombre vs máquina tan bella como clásica comparando una lucha de jalón de cuerda entre un hombre y cinco mujeres como si el hombre luchara contra un avión. Tomando en cuenta la grandeza de otros cortometrajes como “Trotón” (Trotteur) que son una magnífica expresión plástica/artística sobre el cuerpo humano como una máquina inagotable, “Atlas” no tiene con que competir. Tomándolo como cortometraje estudiantil del cual una de las primeras palabras que se le viene a uno a la mente es justamente el título, el cual no se revela sino hasta el final, hay que decir que funciona a la perfección. México Hit

4. “Aún despierta”: Una niña se encuentra en el hospital luego de practicarse un aborto. Su madre duerme en el hospital esperando tener noticias de su hija.  Realmente hay poco que contar y la manera de contar debiera hacer la diferencia. Pretendiendo retratar que un buen cielo se parece al infierno de la misma forma que un buen hospital se parece a ese lugar donde habita el diablo, habrá que decir que un buen cortometraje no tendría porque atormentarnos con una pobre forma de contar la historia. Sufrimos por eso y no por la angustia de la madre, como debiera ser. Argentina miss


 

5. “La otra Emma”: Una mujer se desnuda y quema su ropa  arrojándola a una casa en llamas. En lo que luce como un flashback vemos a la mujer observarse frente al espejo mencionando varios nombres hasta detenerse en uno: Emma. Acto seguido veremos la delirante forma de como crear la colcha perfecta, con lo que sea.  Aplicando la fórmula de cuanta más locura cuanto mejor, veremos el deambular de la desquiciada protagonista quien en aras de crear la colcha perfecta no escatima en engatusar a ancianos de asilo o en intentar ligarse a un hombre como lo haría cualquier auténtica mujer de trastornadas facultades mentales. Le podríamos cuestionar ciertos detalles en la ejecución, pero este cortometraje sobrevive gracias a sus excesos en los que vemos como se fractura la psique de su protagonista en hilarantes situaciones llenas de humor y poéticas imágenes. México Hit


6. “Flejos y Reflejos”: En un idioma extraño, una voz omniprescente le da órdenes a un sujeto indicándole como y hacia donde moverse. Eventualmente cansado de recibir órdenes, este sujeto se  negará a obedecer, por lo que esto se convierte en la historia de como ese fulano llamado Alberto despertó una mañana y no pudo ver su reflejo. Contándose dentro y fuera del espejo, en el interior vemos la lucha del reflejo de Alberto por su libertad ante la consternación de su novia quien le suplica que obedezca las órdenes de esa fuerza superior, una historia de amor digna de la dimensión desconocida. Del lado del mundo de los mortales vemos al miedoso Alberto contarnos la historia de aquella mañana ante los filosóficamente estúpidos comentarios de su novia, los cuales resultan deliciosamente hilarantes.  Para aquel que  siempre se cuestiona como será la vida del otro lado del espejo, aquí una graciosa respuesta. España hit

domingo, 27 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Boleto al Paraíso

FELICES LOS NORMALES, ESOS SERES EXTRAÑOS
Si uno sabe más o menos de que va “Boleto al Paraíso”, o bien conoce  el título del libro en el que se inspira,  su mal lograda vuelta de tuerca sigue siendo bastante molesta aunque uno ya sepa de antemano que el tema del título del libro saldrá eventualmente tarde o temprano. Uno espera que suceda, pero no así.
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Bebiendo con libertad del manual de la road movie, la extremadamente agradable primera parte contrasta gravemente con la atormentada segunda mitad más propia del melodrama. No habría nada de grave en ello si el director Gerardo Chijona al menos aceptara que la historia se ha convertido con ese giro de tuerca en un relato tremendista y lo contara con el tono adecuado. Pero al negarse al darle al relato el tono de drama y al no encontrar una forma armónica de llevarnos en esa transición que toma la cinta de road movie a melodrama,  todo comienza a ir en franca decadencia.
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En una notable primera mitad, nos presentan a la joven Eunice, quien es acusada de robar dinero a una de las compañeras de la escuela por lo cual la maestra habla con su padre mientras esta niña devuelve el dinero. Más pronto que tarde uno se entera de que Eunice está siendo abusada sexualmente por su padre, por lo que Eunice termina huyendo de casa mientras será perseguida por este violento sujeto enfermo.
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Del otro lado, vemos a un trío de jóvenes asaltando un local donde roban fármacos para usarlos de manera recreativa y venderlos para sacar algo de dinero. Acto seguido vemos que estos jóvenes están planeando ir a un concierto de rock en la Habana, vender los fármacos y no contarle el plan a la integrante femenina del trío. De inmediato ya sabemos que tanto Eunice como los jóvenes tienen bastante en común, asi que suponemos que será cuestión de tiempo para que se encuentren y suponemos bien.
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La escena donde se encuentran resulta un punto alto del filme, el trío de jóvenes canta a capella una canción de heavy metal mientras Eunice observa del otro lado del parque desde la banca en la que se ha quedado dormida. Alejandro, un miembro del trío, le echa un ojo a Eunice y se acerca para realizar el esperado ligue pero algo interrumpe su acercamiento en una escena tan ingeniosa como graciosa. Este tipo de escenas son constantes en la susodicha primera parte, desde un hilarante rescate de damisela en concierto de metal atrapada en medio de un mosh pit de slam hasta una escena con pervertido taxista que no debiera ser tan divertida sino perturbadora, por lo que resulta ambas cosas para cada una de las protagonistas.
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Este tipo de consistencia eventualmente se rompe al llegar a lo que la historia realmente quiere contar y ese resulta ser el problema, que lo que se quiere contar termina resultando ser mucho menos interesante que lo que se nos estaba contando. Los agradables personajes hacen un pacto que ya resulta molesto por lo estúpido, pero uno podría aceptarlo tomando en cuenta que la cinta se basa en cierta medida en situaciones reales si se mantuviera con consistencia el humor de sus personajes. Al negarles esa honestidad, pareciera que nos alejaramos de ellos como queriendo no regodearse en su miseria pero provocando el efecto inverso, pues al  alejarnos vemos con más claridad como se sumerjen en ella, pero sin que nos interese lo que les sucede debido a que hemos tomado distancia respecto a sus emociones.
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“Boleto al paraíso” está lejos de ser una mala película pese a su apesumbrada segunda mitad, pero resulta decepcionante por lo que construye y deja ir en aras de contar las cosas de una forma un tanto arbitraria. Hay entusiasmo por contar una historia dura de forma respetuosa, pero falla gravemente al no entender que estas historias deben contarse con más rigor. Si vas a hacer un relato tremendista se necesita hacerlo sin temor a alienar al público cansado de dicho tipo de historias.
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Del lado positivo está el desenfado inicial y el divertimento que hay con la música metalosa, con makeover incluído. Todo el reparto juvenil logra hacer una buena mancuerna, destacando la protagonista Miriel Cejas cuyo rostro logra transmitir esos cambios de tristeza, consternación  y ligera esperanza. Pero más que un trabajo individual son las interacciones entre los jóvenes las que destacan. Sin duda que la historia es bien intencionada y hay decoro al final, pero uno termina deseando que las cosas se contaran de otra forma.

This movie is a miss.

sábado, 26 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Contracorriente

NO ME ARREPIENTO DE ESTE AMOR
En un inicio uno piensa que “Contracorriente” será una especie de “Secreto en la montaña” (Brokeback Montain) en tono latino hasta que por ahí del minuto veinte la trama se transforma en el “Sexto Sentido” (The Sixth Sense) pero sin perder su tono de melodrama, aunque ahora con toque de realismo mágico, lo cual indica que la percepción inicial no resulta tan lejana a la realidad.
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El cuento de hombres gay que se aman en la montaña (o en la costa) a pesar de vivir en un pueblo donde reina el machismo no resulta nuevo, pero ese temprano giro argumental le da un aire distinto a este gran melodrama romántico-sobrenatural que igual critica el machismo latinoamericano, rinde tributo a los muertos de forma igualmente latina y se toma  el tiempo de balancear sus intereses entre una crítica a la hipocresía religiosa al mismo tiempo que rinde respeto a la honestidad que irónicamente también existe en la misma gente religiosa.
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Javier Fuentes-León parece saber lo que cuenta y es por eso que uno logra identificarse con lo que sucede, pues “Contracorriente” es en el mejor sentido del término, una película muy latina. Todos sus intereses: la religión, el machismo, los chismes de pueblo, la forma de pelear con la pareja, etc. se sienten bastante cercanas a la realidad sin importar que la historia sea coprotagonizada por un fantasma.
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Hay también elementos narrativos típicos de las historias de fantasmas, como el hecho de que un fantasma sólo podrá descansar hasta que encuentren su cuerpo, algo que es común en cintas de horror pero tampoco es inusual verlo en dramas, basta recordar “Entre los muertos” (Senki) de  Milcho Manchevski.  Hay también cariño por la religión y a la vez no hay temor por hacer una crítica hacia la misma.
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“Contracorriente” podrá estar llena de elementos genéricos que son comunes en sus respectivos géneros pero logra balancearlos y combinarlos de tal forma que siempre resultan agradables pues la novedad está en la dulce forma en que se cuentan. En todo momento hay cariño por los personajes, por más que estos puedan cometer actos despreciables, también tienen su lado bondadoso.  Javier Fuentes-León trata a sus personajes como lo que son, humanos que a fin de cuentas tienen virtudes y defectos.
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El guión lo mismo anuncia de forma sutil que hablará de la homosexualidad desde la escena inicial:  un padre le habla a su hijo que se encuentra aún en el vientre de su esposa en una linda conversación donde la susodicha mamá regaña al papá, pues  él le habla a su hijo como si supiera que es hombre y si resultara que es mujer el bebé podría nacer con cierta confusión respecto a su sexualidad.
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El hombre en cuestión es Miguel, quien es respetado por el pueblo por ser de los pocos que está bien con Dios, al grado de que le piden llevar el cuerpo del recién fallecido Carlos, pues si uno no entrega el cuerpo en serio el difunto podría vagar eternamente sin descanso. Miguel podrá ser quien está mejor con Dios, pero eso no le impide engañar a su esposa con el pintor del pueblo al que todos rechazan por maricón.
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Tras  una típica pelea de amantes, pues el pintor está cansado de que Miguel tenga que ocultar su amor y su sexualidad por miedo al pensar de la gente, el pintor desaparece misteriosamente.  Miguel está confundido sobre si ser fiel a su familia y los valores que le han inculcado o ser fiel a sus sentimientos pues aunque estos sean nobles y sinceros, son contrarios a lo que le ha dictado su ambiente.  Y contrario a lo que parezca, Miguel luce como un buen sujeto, luce como si hasta quisiera a su mujer y a su familia, aunque ame a otro hombre.
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Estas sinceras contradicciones, tan humanas como certeras son el punto más alto con que cuenta el melodrama y las explota de la mejor manera posible, haciéndolo de una manera honesta de tal forma que aunque estamos viendo ideas completamente opuestas, podemos entenderlas a la perfección. Sabemos porque los personajes hacen lo que hacen, porque toman dichas decisiones y porque pueden ser en un momento los tipos más cobardes y al siguiente los más valientes.
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Sin esta sinceridad la cinta jamás habría funcionado tan bien.  El hecho de tomar a un fantasma gay que nadie mas que Miguel puede ver sirve como reflejo de que a Miguel no le incomoda tanto ser gay, sino el rechazo que provoca en la gente si ellos supieran su preferencia sexual. El dedo juicioso de la sociedad contra el lado tolerante, ambos coexisten en el mismo universo, por eso la película parece nunca tomar partido, mira siempre objetivamente a su entorno sin juzgar a sus personajes, pero tratándolos con un amor que sorprende.
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Es por eso que aunque haya optimismo, aunque refleje tolerancia y cambio, también es conciente de que en una sociedad machista habrá quien nunca pueda tolerar este tipo de comportamiento. La mujer despechada puede mostrar nobleza mientras que el mejor amigo, a quien se le ha ayudado en tiempos difíciles, puede ser un  ingrato intolerante.
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Esta crítica objetiva al machismo, a la muerte, a la vida  y al hombre mentiroso resulta ser pues, un extremadamente agradable melodrama sobrenatural donde lo lindo puede ser un beso entre hombres y lo duro despedirse de las persona amada cuando esta ha partido hacia la otra vida.

This movie is a hit.

viernes, 25 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Alps: Los Suplantadores (Αλπεις)

MAYBE YOU’RE JUST LIKE MY MOTHER

El griego Giorgos Lanthimos parece querer convertirse en un experto en lo que yo llamo performances cinematográficos: donde uno observa a los protagonistas realizar lo que sería el equivalente a un pequeño acto de circo. Estas  muestras escénicas se imponen sobre el relato, pues es la forma en que se va contando todo la que parece interesarle más a Lanthinos: las extrañas acciones de sus personajes quienes nos brindan un show cuasi-callejero en cada toma y a partir de ahí se construye la historia.
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“Alps: Los Suplantadores” (Αλπεις) no busca ser la excepción y comienza justamente con uno de estos actos circenses mostrándonos a una chica gimnasta haciendo machincuepas poco antes de comenzar a reclamarle a su entrenador, quien no la deja entrenar usando música pop porque quesque no está preparada, que su nivel está más como para bailar musica clásica y que mejor ni le reclame o se la agarra a trompadas.
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Ante este tono bizarro de la escena inicial uno ya entiende como se contarán las cosas y no queda mas que decifrar que es lo que se contará, lo cual no es menos extraño. La historia habla de una sociedad secreta, casi teatral, que se dedica a suplantar gente. O más bien, a suplantar a quien ha muerto recientemente para asi ayudarle a sus familiares a superar el duelo de la partida del ser querido.
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Asi es como seguimos a una enfermera, quien podría suplantar sin problemas a Tiaré Scanda sin que nadie se dé cuenta, la cual es parte de este extraño grupo que se nombran asi mismos como montañas imponentes, pues ellos pueden suplantar a quien sea, pero ellos son irremplazables.  Que monte Ararat ni que nada, el arca de Noé debió caer en otro lado.
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Ante estos aires de grandeza, la enfermera protagonista es a la que observamos muy en su papel. El exigente entrenador, la sumisa gimnasta y el estricto líder quien trabaja como conductor de una ambulancia son los otros miembros. El grupo investiga a detalle hasta cual era el actor favorito del difunto (comenzando con las estrellas más obvias), la frase exacta que hay que decir durante el sexo y a base de repetición encarnarán el papel del ser querido que ha partido hacia otra vida, reemplazo del  cual los familiares aceptan con extraño gusto.
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¿Qué tan sano o ético es?. Eso no importa mucho, hay que hacerlo porque sólo ellos pueden hacerlo. La clandestina sociedad parece tener reglas muy estrictas y este juego de rol inevitablemente podría llevarlos a mal término, lo sabemos. Ahí está el interés de cada escena, en ver en que momento las cosas se saldrán de control.
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En algún ensayo los dos hombres se burlarán de la novata gimnasta por tratar de suplantar a quien no debe mientras la chica experta comienza a perderse entre sus personajes. Los otros dos hacen de padrotes como para demostrar que estos griegos son bien crueles.

Uno se pregunta hacia el final: "¿No que no se podía suplantar gente viva?". Es un performance sobre aquellos que encuentran duelo en la mentira, pero uno bastante despiadado, acompañado de “popcorn”.
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Como diría Carl Orff, oh fortuna ingrata.

This movie is a circus.

jueves, 24 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > No es una película (In film nist)

EMANCIPATE YOURSELVES FROM MENTAL SLAVERY

En una escena de “No es una película” (In film nist), el director Jafar Panahi habla frustrado sobre como es imposible contar una película con palabras, pues para contarla bien hay que filmarla. Nos explica que hay una poderosa razón por la cual las cintas cobran vida durante la filmación: existen sutiles elementos que uno no puede controlar.
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Esta filosofía es la que dicta su más reciente documental, aunque en cierta forma,  es lo que dicta todo documental. La cámara tiene que estar encendida para capturar lo que sucede en el momento preciso, si no estos momentos se evaporan en el desierto fílmico y quizás haya que hacer trampa para recrearlos o buscarlos en archivos fílmicos.
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Pero incluso si hubiera que recrearlos como ficción, algunas veces la cámara filmará a algún animal que se cruce inesperadamente en la toma, el gesto de genuina sorpresa de algún actor o el berrinche de aquel otro. Mientras la cámara este encendida el cine puede crear magia, sin truco o con truco, pero magia al fin.
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En ese proceso de filmar es donde se encuentra la película que no se planeo, porque es imposible planear la espontaneidad, la cual es parte de toda película. Panahi sabe esto pero el gobierno iraní le ha prohibido jugar a hacer cine, entonces: ¿cómo filmar una película que no sea una película?.
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La respuesta la encuentra en un ocioso día de arresto domiciliario cuando está buscando apelar la sentencia impuesta por haber intentado crear una película que no le gustaba al gobierno. Hablando con su abogada se entera de que hay muchas posibilidades de que se quede en prisión por lo menos 6 años y que se le prohiba filmar otros 20.
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Asi que decide llamar a su amigo, el documentalista Mojtaba Mirtahmasb y en vez de filmar una película: platicarla a través de su guión. Pero al igual que la niña de una de sus películas, llegado el momento, Panahi exclamará molesto que ya no quiere jugar porque ante estas condiciones no se puede. Es entonces cuando Panahi comienza a lucir inspirado y entiende hacia donde dirigir el documental: hacia si mismo.
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La frontera entre la ficción y la realidad, la crítica hacia el regimen, la mirada fascinada hacia los comunes habitantes de Irán. Si, todos los convencionalismos del cine iraní están ahí, pero eso no quiere decir que uno esté cansado de ellos, sino baste para resaltar que todo buen cine inevitablemente es reflejo de la cultura de la que surge.
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Panahi va dirigiendo su historia entendiendo a la perfección hacia donde debe hacerlo. Ante estas condiciones hay que improvisar, hay que seguir jugando a hacer cine, aunque haya que comenzar a hacerlo jugando a no hacerlo. Al convertirse en el protagoniosta de esta historia, es cuando comienza a entender que aunque esto no sea una película con todas las de la ley, eso no impide que haya magia.
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La vocación de Panahi es tan grande que puede hacer cine en su cabeza, en prisión, con una iguana, con una llamada telefónica con un teléfono celular o hasta con el perro de una molesta vecina. La escena final demuestra esto con una maestría sin igual, al final a Panahi alguien le pide que se esconda, no lo vayan a ver. Pero es un reclamo tardío, Panahi quiere que lo veamos, pues podrán quitarle la libertad, pero jamás la vocación de hacer cine.

This movie works.

miércoles, 16 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Pequeñas Voces

DEPRISA DEPRISA RUMBO PERDIDO

Si juzgáramos a un documental simplemente por lo valioso de sus testimonios, “Pequeñas Voces” sería un gran trabajo gracias a sus pequeños protagonistas quienes nos relatan la manera en que perciben el clima de violencia en el que viven. Por desgracia el  juicio no puede ser tan simple y pese a sus buenas intenciones las cosas fallan notablemente.
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Crear un documental completamente animado no es cosa sencilla, pero puede tener resultados asombrosos y arriegadamente innovadores como sucedía con “Vals con Bashir” (Vals Im Bashir).  Del otro lado del espectro llega “Pequeñas Voces” cuyo mérito, repito, es el valioso y valiente testimonio de varios niños que relatan desde su perspectiva las experiencias que han vivido en una Colombia donde nadie está seguro ante ejército y guerrilleros.
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Al estar contada desde la mirada de los niños, el trabajo del director debiera estar enfocado en aterrizar los testimonios y darles un sentido dramático adecuado de forma que aunque no entendamos de forma amplia lo que sucede, sepamos que lo que sucede no es bueno. Para mala fortuna la decisión de Jairo Carrillo y Óscar Andrade es dejar que la película camine sin dirección alguna, pensando que lo más honesto será dejar que los niños hablen por si mismos.
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Es una decisión entendible si uno toma en cuenta que el documental luce ese sentimiento de no manipular lo que se nos está contando para  que sea precisamente la perspectiva de los niños la que dicte el relato. Sin embargo el efecto resulta contraproducente, pues la responsabilidad de dirigir la película  recae en quien no debe.
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Así como un niño no tendría porque estar viviendo en condiciones de guerrilla donde lo mismo pueden encontrar a otros niños asesinados, a guerrilleros y grupos paramilitares tratando de enlistarlos a su causa o vivir en una zona de conflicto donde pueda haber alguna mina o alguna granada que explote sin previo aviso, tampoco tendría porque caer en ellos la responsabilidad de dirigir el relato.
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Ante esta decisión, todo termina luciendo más como un balbuceo bien intencionado al cual es imposible odiar por completo, pero en el cual uno termina molesto por no poder involucrarse en el drama, pues los defectos terminan resultando distractores que no lo dejan adentrarse a uno en lo que se cuenta.
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El artesanal trabajo de animación es por igual bastante disparejo. Basado en los dibujos (algunos de los cuales vemos durante los créditos finales) de los propios niños,  la animación toma ese estilo visual y es usado para contar las historias de los cuatro protagonistas. Justamente como no hay dirección estas historias se sienten como viñetas dispersas y aunque en principio la rústica animación luce bien cuidada y con efectos 3D bastante llamativos, conforme avanza la historia ya no hay tanto cuidado en el estilo. Limitaciones del presupuesto quiero pensar, pero es una de las cosas que terminan diluyendo lo que sucede.
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Lo mismo pasa con la musicalización que luce un sumamente agradable estilo que sabe a vallenato  como buen complemento ante la inocencia con lo que se cuenta todo, pero que termina resaltando de forma torpe los momentos climáticos debido a que el estilo de la música cambia como para reforzar el drama y es este cambio lo que termina distrayendo aún más notablemente estos momentos que son realmente duros.
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Por instantes este balbuceo es completamente literal y los personajes dicen cosas ininteligibles cual minions de “Mi villano favorito” (Despicable Me) lo cual también resulta un distractor, sobre todo cuando estos balbuceos suceden en momentos realmente crueles pues resulta una mezcla de elementos incompatibles: cómico balbuceo frente a un crudo momento dramático.
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La cinta palidece cuando se enfrenta a cintas que hablan sobre los mismos temas, desde “Voces Inocentes”, pasando por “Las tortugas también vuelan”  (Lakposhtha hâm parvaz mikonand), hasta llegar a “Buda Explotó de vergüenza” (Buda as sharm foru rikht). Incluso ante una cinta muy fallida de temática similar  como “Los colores de la montaña” hay poca competencia, pues aunque ambas estén contadas desde la perspectiva de los niños, una al menos tiene un arco dramático más consistente.
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Desde luego que esto no es culpa de los niños, sino de los directores. “Pequeñas Voces” podría funcionar si usted no conoce muchas cintas sobre el tema, después de todo la fuerza de los testimonios es lo que termina impulsando todo: esa inocencia de la niña que puede reír recordando a su padre, ese dejo de esperanza del niño que tuvo que pelear una guerra que no entiende, el amor de aquel otro niño por sus mascotas y la fuerza de voluntad del que ha sufrido un accidente. No debiera ser así, pero que quiere, asi son las cosas.
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En cierto modo representa lo que no me gusta del Foro de la Cineteca: una cinta que sin duda intenta aportar en la forma en que se cuenta todo, pero que termina siendo más el esbozo de lo que podría haber sido un buen documental si hubiera un mejor dominio del lenguaje cinematográfico, o al menos una pizca de dirección.

This movie is a miss.

martes, 15 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > “Play. Juegos de hoy” (Play)

ASALTO CHIDO

Si una cosa he de admirarle a un director de cine es cuando éste logra con una simple secuencia que sepamos quien es el que está filmando la película. Con todo el estilo que caracterizaba a  la extraordinaria “Involuntario” (De ofrivilliga), el sueco Ruben Östlund continua empleando el sello de la casa y cuenta su historia en su mayor parte a través de planos fijos que dotan al relato de un peculiar ritmo y un realismo que se consigue también gracias a la gran dirección de actores.
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Un quinteto de chicos  negros se reune en el centro comercial buscando víctimas a quienes asaltar, o como dirían en mi barrio, a quienes basculear. Los chicos no pasan de los 15 años y usan el método que emplearía cualquier chico abusivo, intimidar a sus víctimas en lo que es para ellos un simple juego de poder.
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“Play. Juegos de hoy” (Play) es un gran ensayo sobre los chicos abusivos que nunca teme jugar con los estereotipos raciales. Ahí están los dos chicos blancos a quienes los negros intimidan con una saña que es para ellos un simplemente divertimento. Ahí está el amigo chino al que los dos chicos blancos intentan mandar sin éxito, nada más por ser el de los ojos rasgados. El chico con rastas del autobús al cual le pregunta el negro que si es de Jamaica y que le cante un reggae.
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Los mismos chicos negros conocen a la perfección como manejar dichos estereotipos en su favor: cuando les conviene ser los negros peligrosos usan esa imagen y cuando les conviene usar la carta de víctimas tampoco temen usarla, todo sea por la basculeada. Incluso están conscientes de que su juego sería lo que un policía haría con la rutina de policía bueno/policía malo a la cual rebautizan como la rutina del hermano menor y el hermano mayor para engatusar incautos.
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El hecho de estar observando una película de bullying contada con tal detalle provoca lo mismo frustración que identificación. Si uno se lo toma en serio es natural sentir impotencia ante la situación, pues los niños que resultan ser las víctimas nunca toman las mejores decisiones cuando pueden huir del problema. Al mismo tiempo uno observa a los adultos actuar de forma indiferente minimizando el problema o actuar de una forma activa pero sin conocer a detalle lo que en verdad está ocurriendo.
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Este tipo de detalles son los que logran hacer pensar al espectador como reaccionaría ante esta situación, pero también resulta fácil identificarse porque en algún momento uno ha vivido este tipo de abuso.  Östlund toma siempre la ruta complicada pues si uno no se lo toma en serio, el cinismo de los muchachos de color resulta francamente hilarante, asi que uno también siente cierta malsana simpatía por los victimarios.
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En uno de los puntos más logrados de la cinta, por ejemplo, vemos un eco de honesta camaradería entre víctimas y victimarios. Uno de los chicos negros le dice a uno de los blancos que se pueden ir a su casa si éste logra hacer 100 lagartijas. Nosotros como espectadores estamos concientes de que simplemente se están burlando, pero cuando el chico acepta el reto provoca una inesperada reacción donde vemos que todos desean que el chico lo logre, nosotros incluidos. Es una escena llena de euforia que remite a la niñez, demostrando la complejidad de los personajes quienes aún poseen esa capacidad natural de asombro a pesar de sus abusos. Es también un momento de verdadero genio cinematográfico.
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Los victimarios también se convierten en víctimas en al menos un par de ocasiones. Y con todo esto, a Östlund no se le olvida que el título de su película es justamente un juego y no se olvida de jugar, insertando de manera intermitente la misteriosa historia de una cuna que estorba a la mitad de un tren, ante la cual observamos como de manera desesperada anuncian en el altavoz del tren que por favor muevan esa cuna porque estorba el paso, pero al igual que sucede con los niños abusivos: nadie hace nada.
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Tan es así que al final los regañados serán los mismos abusados, ellos tienen la culpa por ser tan mensos. Con una crítica asi de ácida no queda mas que reír y ponerse de pie. El verdadero abuso resulta ser un innecesario epílogo que extiende el relato cuando ya todo el conflicto ha concluído. Innecesario porque resulta redundante contar más cuando ya todo está dicho, aunque uno entiende el capricho de Östlund por cubrir todas las aristas del relato.
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“Play. Juegos de hoy” además de ser una de las cintas más notables sobre el bullying nunca teme ser poco convencional. Es sin duda una cinta extraña, la cámara está inmóvil, sin emitir juicios. Y al mismo tiempo, el dinamismo de cada escena resulta brutalmente espectacular.  Nos sumerjimos en la pícara sonrisa del pequeño negro abusivo y en la angustiada mirada del blanco desesperado quien sabe que está entrando en una trampa sin salida a la cual no puede evitar.
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En manos de un cineasta talentoso como Östlund, el abuso está para entretener al espectador, al mismo tiempo que provoca interesantes reflexiones sobre el mismo. Todo esto sin pretender ser una moraleja, pues ésta nos es negada hacia el final. El blanco le toca al negro “The Entertainer”, pues esta ahí para divertir al negro.
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Es también gran parte de lo que caracteriza al Foro Internacional de la Cineteca, un cine poco convencional que atrapa al espectador.

This movie is a gem.

lunes, 14 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Des-autorizados

PERSONAJES QUE TOMAN CONCIENCIA
 

Si uno observa el avance de “Des-autorizados” se dará una buena idea de que lo que verá será un revulsivo ejercicio de personajes que toman conciencia de si mismos demasiado hiperactivo para su propio beneficio. Desde sobreexplicaciones sobre lo que está sucediendo, ridículos golpes en la onda de la serie televisiva de Batman e ingeniosísimos encuadres que resultan completamente huecos pero hipnóticos en su alto grado de dificultad.
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La directora está demasiado consciente de su juego, lo cual no ayuda en nada a la historia, pues esa autoconciencia es lo que hace que la película resulte aún más irritante de lo que debiera, asumiéndose como un juego de muñecas rusas donde la propia directora es un personaje que escribe una película sobre un escritor que a su vez escribe una obra de teatro sobre otros personajes, los cuales a su vez son interpretados por otros personajes dentro de la obra.
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Con este tipo de estructuras el juego tiene alto grado de dificultad, pues si no se toma nada en serio se corre el peligro de que los personajes literalmente se salgan de control y si  se toma demasiado en serio se corre el riesgo de parecer pretencioso. En parte “Des-autorizados” falla en ambas cosas,  pues aunque se supone que dentro de la misma historia los personajes se salen de control,  la autora está tan conciente de lo que está haciendo que todo se siente completamente forzado.
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Pareciera una cinta que pretende llegar sólo a los escritores como una serie de mal logradas bromas sobre el proceso de creación y sobre como los personajes,  llegado el momento,  se escriben solos pues han tomado vida propia.  Contradictoriamente justo por como la autora siempre está conciente del juego, los personajes realmente nunca toman forma propia, por más que dentro de la historia se salgan de control o sean concientes de si mismos siempre se sienten como títeres de una fuerza superior: la todopoderosa directora.
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Aunque también por más que uno quiera dejar de ver ante lo que resulta un continuo dolor de cabeza por lo revulsivo del relato, “Des-autorizados” logra mantener nuestra atención debido a su increíble e ingenioso despliegue visual que bien podría ser envidiado por el mismísimo Jean Piere Jeunet. La dirección de arte, también cortesía de la omnipresente directora Elia K. Schneider y Maitena de Elguezabal tiene muchas cosas en común con el famoso director de “Amelie”.
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Incluso en sus momentos más revolucionados hay una destreza visual que posee un encanto imposible de ignorar, como cuando suena la tradicional canción irlandesa “Irish Washerwoman” tocada al violín por un gángster y el protagonista es forzado a mecanografíar siguiendo el ritmo de las notas mientras que otro gángster observa. Al finalizar, el gángster lee el escrito y como para mostrar su desaprobación se come el papel, forzando al escritor a volver a comenzar.
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Este tipo de juegos visuales abundan durante toda la cinta, desde besos multiculturales en gradas deportivas, perfección estilistica en un kiosko donde se venden frutas donde los personajes se congelan mágicamente, cambios progresivos del blanco y negro al color que recuerdan a “Amor a colores” (Pleasantville), horrorosos números musicales kitch que lo mismo suenan como fresas con crema que a “Me vale” de Maná y hasta un basurero tomado como paraíso de playa donde los personajes se han dado cuenta que han entrado al mundo real, que no es sino el mundo de fantasía donde habita el ficticio escritor.
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Eso es lo que reconforta un poco y hace más tolerable el sobreesfuerzo por contar sin éxito una enredada historia que no tiene pies ni cabeza y que no llega a ser lo divertida que debiera pues injustamente a sus personajes nunca se les permite despegar. El desorbitado esfuerzo sería un producto lamentable sin ese ingenio visual. Mención especial a los actores quienes toman lo màs en serio posible su papel, quienes también son usados como mera coreografía visual la mayor parte del tiempo.
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De cualquier forma, la cinta palidece incluso ante esfuerzos similares recientes como “Esta no es una película” (This is not a movie) u “Ocean Blues” que han resultado duramente criticados por muchas de las mismas razones:  ser demasiado autoconcientes de su juego. En mi opinión aquellas dos funcionan porque no se toman demasiado en serio y tienen personajes bien aterrizados, mientras “Des-autorizados” no lo hace porque se toma demasiado en serio y sus personajes nunca pueden despegar.
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Y si hablamos de personajes que toman conciencia propia o que son manipulados por una fuerza omnipresente siempre habrá otros esfuerzos más memorables: “Más extraño que la ficción” (Stranger than fiction) o “Nueva York En Escena” (Synecdoche, New York) son buenos ejemplos recientes. Pero supongo que la metaficción podrá resultar interesante por si misma para aquellos que sólo busquen un tibio ejercicio con extraordinarios juegos visuales.
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Después de todo “Des-autorizados” a nivel visual es una de las cintas más interesantes de este año.

This movie is a mess.

domingo, 13 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > La mitad de Óscar

SECRETOS DE FAMILIA

“La mitad de Óscar” pertenece al grupo de películas minimalistas donde la trama podría resumirse en una sola oración.  En ese sentido sus 82 minutos de duración podrían parecer en principio excesivos, sin embargo esa languidez con que se cuenta todo luce bien justificada cuando el interés no está tanto en lo que sucede, sino en crear una atmósfera que contribuya a entender los sentimientos de sus dos protagonistas.
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Óscar trabaja en lo que luce como una fábrica de sal a orillas del mar. Ahí sigue su monótona rutina donde un amigo lo acompaña a comer y al salir va a visitar a su abuelo al asilo. La rutina se rompe cuando el abuelo enfema y su hermana María va de visita cuando se entera de que el abuelo anda mal.  A partir de aquí nos dedicamos a contemplar a María y a Óscar.
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Resulta obvio que ambos esconden algún secreto del pasado, pues María no luce muy interesada en pasar tiempo con su hemano y Óscar tampoco sabe como acercarse después de tantos años sin verla.  Vemos que ambos quieren hablar pero ninguno se atreve, María espera que sea Óscar quien tome la iniciativa y Óscar no sabe como.
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Eventualmente nos enteraremos hacia el final de qué fue lo que sucedió entre estos dos hermanos y porque decidieron alejarse. Nunca sabremos con detalle cómo fue lo que sucedió, pero no importa mucho, el interés de la película está en sugerir. Por ende, en el tramo final hay muchas cosas que no  vemos en pantalla, pero que quedan implícitas por lo que si hemos visto.
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El cabizbajo Rodrigo Sáenz de Heredia como Óscar y la distantemente amistosa Verónica Echegui como María hacen un buen trabajo consiguiendo transmitir las emociones de sus personajes con los pequeños gestos que consiguen sus rostros y sus pocas palabras.  Antonio de la Torre por su parte encarna a la perfección a un jocosamente irritante taxista impertinente que no teme andar contando sus intimidades frente al parco Óscar.
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Contada a través de varios largos planos fijos, algunos bastante bellos por la manera en que aparecen los personajes frente al encuadre donde al fondo se ve con constancia la inmensidad del mar, “La mitad de Óscar” resulta un loable esfuerzo de contemplación que no ofrece mucho en cuanto a historia, pero que está lejos de ser un irritante ejercicio contemplativo. En todo caso,  es uno bien justificado.

This movie is a tiny hit.

jueves, 10 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > “Al final de los sentidos” (Perfect Sense)

PERCIBIENDO EL MUNDO A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS
 


Usualmente las cintas post-apocalípticas traen consigo una considerable carga de desolación a sus protagonistas y a la humanidad que lo habita, convirtiendo todo en un caos donde el hombre saca a relucir sus más primitivos instintos. La ley del más fuerte es la que impera en dramas de este corte como “El tiempo del lobo” (Le temps du loup) o ”El último camino” (The Road). Y están aquellas que generan altas dosis de entretenimiento como la saga de “Mad Max”.

Existen también ese otro tipo de películas sobre enfermedades o epidemias que surgen sin la menor explicación las cuales suelen enfocarse en los científicos que buscan la cura como sucede en “Epidemia” (Outbreak), en la gente común que es víctima de la extraña enfermedad como sucede en “Ceguera” (Blindness) o una sana mezcla de ambas como ocurre en la reciente “Contagio” (Contagion).

Normalmente en este tipo de cintas también es el caos el que impera, con la atenuante de que siempre habrá algún científico honesto que busque infructuosamente la cura para la pandemia. En ese aspecto “El final de los sentidos” (Perfect Sense) está consciente de que está jugando con una historia que se desarrolla en ambos territorios: una sociedad que se transforma en post-apocalíptica debido a una misteriosa enfermedad. Y sin embargo, su mayor mérito radica en que apuesta por una narración poco convencional dentro del género, por lo que estamos ante una historia sumamente interesante.

Más cercana en espíritu a “La Peste” de Camus que a “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago, en “El final de los sentidos” la humanidad no se desmorona de la manera conocida en las múltiples películas del género, sino que permanece estoica aguantando de la forma más civilizada posible todas las desgracias que le acontecen. Ese espíritu de civilidad es lo que marca la diferencia, pues todos se esfuerzan por continuar con sus vidas de la manera más normal que es posible frente a una extraña epidemia que va privando de sus sentidos a toda la humanidad (gusto, tacto, vista, oído, olfato).

Pero no sólo es el espíritu de la novela de Camus el que guía la narración, sino también el enfoque de los personajes. En efecto, existe el típico científico encargado de buscar una explicación al fenómeno, encarnado por la bellísima Eva Green como una epidemióloga que es una de las primeras en enterarse de la enfermedad, pero a la narración le importa un carajo enfocarse en su trabajo científico. El interés de la película está en retratar como la gente común está lidiando con el problema y es aquí que la científica es usada sólo para enterarnos que nadie sabe como detener el fenómeno, por lo que la protagonista es tratada como una persona más.

Por lo mismo, “El final de los sentidos” no tiene necesidad de ser tan ambiciosa y se enfoca primordialmente en dos personajes. La ya mencionada Eva Green y el trabajador Ewan McGregor, quien interpreta al chef de un modesto restaurante el cual no puede dormir acompañado, por lo que corre muy amablemente de su departamento a las chicas que invita luego del acostón de rigor porque hacerlo antes pues como que no tendría chiste. Este patán y esta bella mujer se conocen en una muy agradable e ingeniosa secuencia donde el chef le pide un cigarrillo a la susodicha, él a mitad del callejón y ella en la comodidad de su casa. Dos sólidos actores que interpretan personajes que interponen una barrera emocional, cada uno por razones distintas.

Desde luego que habrá romance, pero ahí está el otro toque que hace distinto a “El final de los sentidos”: es un drama apocalíptico con un enfoque romántico y civilizado, lo cual no quiere decir que no haya conflictos, sino que la manera de enfrentarlos deambula por caminos poco transitados en el género. Aunque eso también puede resultar frustante, pues en su anticonvencionalidad no tenemos una cinta post-apocalíptica con los usuales factores de entretenimiento (¿alguien dijo zombies?), sino un drama romántico demasiado bizarro con un narrrador que añade algunos ridículos momentos poéticos a lo que acontece y algunas buenas reflexiones sobre la condición humana.

Si algo le impide ser una gran película es que el director no sabe muy bien como manejar una gran historia, pues no hay una manipulación adecuada para que cada que acontece algo importante esto resulte lo impactante que debiera y pudiera ser. Si a eso le añadimos que el guión no maneja de manera firme la interesante premisa tenemos una cinta conceptualmente interesante pero que pierde momento en situaciones importantes. Con todo tiene un excelente final y algunos juegos ingeniosos para que el espectador se sienta en este mundo sin sentido o más bien, sin sentidos.

Ciertamente muy lejos de obras que son referente dentro del género como “Niños del hombre” (Children of men) a “El final de los sentidos” le hace falta visión, un mejor tacto y algo de condimento para que tuviera sabor. Pero usted haga oídos sordos a este comentario, en definitiva no huele nada mal.

This movie is a great hit.

martes, 8 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > De jueves a domingo

LA SENDA DE LA MEMORIA
Hay películas que evocan recuerdos, que son aquellas en donde no nos llevamos a casa la historia que observamos, sino el sentimiento de revivir nuestras propias experiencias cuando nos tocó vivir lo que le sucede a los personajes. Y ciertamente no es complicado reflejarse en el relato que ofrece “De jueves a domingo”, pues la gran mayoría ha ido de viaje con su familia en automóvil cuando era niño.
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Esa luce ser la intención de la cineasta chilena Dominga Sotomayor. Revivir , sin tener que ser necesariamente autobiográfica, esos  sentimientos que teníamos cuando nuestros padres nos llevaban en un largo viaje por el automóvil a algún lugar.
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Uno siempe se pregunta hacia donde van estos personajes, pero como sabemos que sucede en casi toda road movie, el destino es lo que menos importa, por lo que  nosotros somos como los niños a los cuales sus padres nunca les dicen hacia donde vamos, pero que nos piden que disfrutemos el trayecto o ya de menos, que no les hagamos berrinche.
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En ese aspecto son los pequeños momentos los que resultan lo mejor de la película, como cuando el auto se detiene en una gasolinera en medio de la carretera y la niña juega con su cabello ante la secadora eléctrica de manos de un baño público.  O cuando nuestros padres nos cuentan una historia que nos deja con la cara de incertidumbre, pero que inevitablemente la terminaremos recordando toda la vida aunque en ese momento pareciera que nos resultara indiferente.
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En todo viaje, siempre hay conflicto.  Como la cinta se narra a través de la visión de los niños para que como niños recordemos, nunca queda muy claro cual es el conflicto de los padres, pero sabemos que hay algo que no esta del todo bien. Tampoco importa que tan grave o que no tan grave es, lo que importa es la sensación y el como reaccionamos ante lo que no nos cuentan.
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Uno suele encontrar personajes en esos viajes de familia con los que en otras circunstancias podrían convertirse en grandes amigos, pero que terminan siendo personas que nunca volveremos a ver. Los recordamos ya sea porque hablan un francés atropellado o porque compartimos una dulce conversación sobre la libertad de las aves.
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El desértico norte chileno es el bello paisaje de esta road movie que si bien se limita a encerrarnos en un auto y a ocultarnos las cosas problemáticas como lo harían nuestros padres, acierta notablemente en transmitirnos esa  sensación de ser niños.
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Yo mientras tanto me seguiré preguntando que habrá pasado con ese niño que hablaba Spanglish que conocí en mi infancia en un viaje de vacaciones parecido al de la cinta y al que le daban coquillas en vez de coquillas, uno de esos memorables personajes al  cual nunca volví a ver. A él dedicamos este escrito y agradezco a Dominga Sotomayor por recordármelo.

This movie is tiny hit.

lunes, 7 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > Vikingland

EN TIERRA DE VIKINGOS
¿Cualquiera que se tome a si mismo y cuanto lo rodea con una cámara casera puede hacer cine?.  Es  la pregunta que surge al observar “Vikingland” del director español Xurxo Chirro pero filmada por el marinero Luis Lomba, donde seguimos sus ires y venires dentro de un barco. A diferencia de otras cintas hechas con supuesto “material encontrado”, aquí tenemos un auténtico trabajo del tipo pero no espere usted ver trolls, monstruos, extraterrestres o brujas que persigan a los protagonistas. Simplemente vemos a un marinero filmando con una cámara casera.
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En ese aspecto, la historia recuerda a la contemplativa “Liverpool” de Lisandro Alonso, sobre un marinero que llega a una sórdida región al cual nos limitamos a seguir. En ese sentido, un servidor también considero a “Liverpool” como la peor película de su respectivo año pues para mi el único reto fue que el sueño no me venciera. No me ocurrió exactamente lo mismo con “Vikingland” cuyo reto fue llegar hasta el final, pero no me provocó somnolencia y aún así, terminé extrañando el intento de historia de “Liverpool”, lo cual no puede ser nada bueno.

El trabajo del director se limita a manipular el material en la sala de edición dividiendo la “historia” en pequeños capítulos. Es lo que haría cualquier documentalista que filma con la limitante de hacerlo sólo con material ya existente, pero sin cabezas parlantes que nos guien a través de las imágenes de archivo, a no ser las cabezas parlantes de los que están siendo filmados. En su mayoría la edición va siguiendo un orden más o menos cronológico, pues vamos de octubre de 1993 a marzo de 1994. La cámara casera nos indica en todo momento la fecha y la hora en lo que ocurrió lo que vemos, asi que sabemos con certeza cada vez que damos saltos en el tiempo.

Los mejores momentos de “Vikingland” se encuentran cuando el marinero juega a hacer cine, consciente de que le está contando algo a ese misterioso objeto llamado cámara. Cuando nos cuenta que no está haciendo una porno, que sólo quiere bañarse. Cuando ensaya melodías junto a uno de sus compinches y este le pide que apague la cámara para ensayar, cual actor suplicándole al director y hasta sugiriéndole que la escena necesita de un villancico. O cuando parece resistirse a no tocar la guitarra de aire mientras escucha “Entre dos Tierras” de los Héroes del Silencio y a “Barracuda” de "Heart”.

Fuera de ese episodio todo lo demás son simples observaciones dentro del barco, del cual nos enteramos ya algo avanzado el filme, que no se trata mas que de un ferry. Funciona para documentar como era la vida cotidiana del marinero, aunque no sea particularmente informativo pues se limita a retratar, asumiéndose como una especie de antítesis de Moby Dick, ajáb.

Con todas esas limitantes, es de esperarse que no suceda nada demasido interesante a no ser cuando el protagonista manipula las cosas para salir del tedio. Vemos a los carros entrar y salir del ferry, a los trabajadores del barco en la cocina, una tranquila cena de Navidad, meter cajas al almacén, bellas imágenes del mar congelado en el que el ferry avanza incesantemente, dando el efecto como si la tierra fuera la que se mueve y el ferry permaneciera inmóvil.

Respondiendo a la pregunta inicial, si, cualquiera puede hacer cine con una camarita y mucho talento. Lo malo es que Luis Lomba no pretendía hacer cine, por lo que el loable esfuerzo de Xurxo Chirro de editar el material filmado luce inútil ante el tedio de la vida cotidiana surgido del paisaje de los bellos mares congelados.

This movie is a mess.

domingo, 6 de enero de 2013

El cine del fin del mundo > “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights)

 EL PRIMER AMOR SIEMPRE ES UN ACTO VIOLENTO

Recuerdo cuando era niño haber disfrutado la lectura de bastantes novelas de época. Aquellas que tenían una perspectiva más femenina me hacían sentir que conversaba con una bella mujer quien me solía contar una historia de amor imposible, como si gozara de dicha imposibilidad. Era como si lo valioso del romance fuera que tuviera que superar toda adversidad.


Cumbres Borrascosas, sin duda una de las obras cumbres del género, goza de una complejidad mayor de la media. Dicha complejidad no está sólo en el número de personajes o situaciones, sino en la inteligente estructura y en lo poderoso que resultan las emociones/sentimientos de los protagonistas y en el sentido que le da su autora Emily Bronte a cada palabra del texto para transmitir dichas emociones al lector. Todos estos elementos hacen pensar que la historia es una mezcla hecha en el cielo cuando la combinamos con la directora Andrea Arnold, autora de la extraordinaria “Fish Tank”, pues uno percibe que enfocará su relato nuevamente en las pulsaciones de sus protagonistas y que mejor que hacerlo con una de las obras literarias más dulcemente rabiosas.

En ese aspecto Arnold tiene nuevamente un éxito contundente. Su adaptación cinematográfica de la novela de Emily Bronte le quita cualquier sentimentalismo del que pudiera gozar la obra original y se enfoca en lo más valioso del relato, ese asfixiante sentimiento que provoca el amor que no puede ser. Sus protagonistas, nuevamente atrapados en una pecera, siguen siendo adolescentes llenos de energía contenida que explota en violentas manifestaciones de amor. Es por eso que el momento más romántico que encontramos será el dulce jalón de cabello que le propina Kathy Earnshaw al silencioso Heathcliff mientras ambos se miran como invocando al deseo.  Queda claro desde la secuencia inicial que la intención es golpear al espectador con un cruel relato de amor.

La historia transcurre en una granja donde un joven de raza negra es adoptado por un bondadoso pero estricto señor Earnshaw. El joven es aceptado de inmediato por la hija menor, la pequeña Kathy (Shannon Beer en versión joven y Kaya Scodelario en versión adulta) , quien lo trata igual que a un hermano, pero no asi por el hijo mayor Hindley (Lee Shaw), para el cual el joven de color no es más que un gitano embustero que merece ser tratado como sirviente. El joven es bautizado como Heathcliff (Solomon Glave versión joven y James Howson versión adulta) y de inmediato surge la atracción entre  él y Kathy, pero como buen drama de época obliga, cuando el padre de Kathy muere, Heathcliff será degradado de hermano a mero esclavo trabajador de granja por el envidioso de su hermano postizo, lo cual provocará que Kathy y él comienzen a distanciarse.

A partir de ese conflicto básico (¿clásico?) es que se teje toda la historia. Si algo caracteriza a Arnold aquí es como enfatiza los pequeños gestos de los personajes con gran astucia. Ese tirón de cabello que implica un te amo, ese olor de cabello que nos muestra el inicio del amor, esa caricia a un caballo que en realidad es una lujuriosa caricia a la mujer amada, esa mirada que nos avisa que alguien sigue enamorado. El talento de los actores queda de manifiesto a través de dichos gestos: el joven Solomon Glave que destila una mirada llena de rencor, la joven Shannon Beer quien seduce con una agresiva mirada, la belleza fragilidad que muestra el rostro de Kaya Scodelario y en menor medida el orgulloso desencanto del rostro de James Howson. En estas cumbres borrascosas la inexpresividad de los personajes secundarios contrastan con las de los protagonistas, exceptuando al agresivamente racista Lee Shaw.

La cámara de una cinta que es técnicamente similar a “Fish Tank” intercambia los suburbios ingleses por un desoladamente bello paisaje rural mucho más malickiano que bronteano, aunque algo hay de ambos. El paisaje es lo que le cambia y da la atmósfera, pero no todo es miel sobre hojuelas, hay dos motivos por los cuales reclamarle a Arnold.  El primero es que a diferencia de Brontë, no logra inducir esas emociones al espectador, pues los personajes gozan de un sufrimiento que se siente lejano a la audiencia.  Si el relato se enfoca en las pulsaciones y los actores están expresando esas emociones con gran talento, es culpa de Arnold que los momentos climáticos no alcanzen esa sensación punzante que alcanzaban los tres momentos climáticos de la susodicha “Fish Tank”. “Cumbres Borrascosas” es punzante si, pero no en la medida de sus posibilidades.

El segundo reclamo es en una de  las dos elipsis donde avanzamos en el tiempo. Este tipo de elipsis narativa por fuerza rompe el relato pues los personajes ya no son los mismos, pero la clave está en que no se pierda el ritmo de tal manera que el espectador logre llenar los huecos y lo más importante, aceptar el cambio súbito de personalidad. La primera vez, vemos a los personajes años después y Arnold sale más o menos bien librada gracias a la expresividad de Kaya Scodelario. La segunda vez donde sólo pasan unos cuantos meses, Arnold sale muy mal librada, pues aunque entendemos por qué los personajes ya no son los mismos, este cambio súbito pareciera que altera parte de su esencia cortándole todo el ritmo a los momentos que nos debieran llevar al clímax de la cinta.

Son dos fallas graves que le restan impacto a una cinta llena de cualidades. Si vas a contar “Romeo y Julieta” por enésima vez, la narración lo es todo, la que le da una nueva e interesante voz a la historia. Cuando uno ve  “Romeo y Julieta” por primera vez, es la novedad y la poderosa historia lo que engancha.  Si te la van a contar de nuevo, es la forma en que se cuenta la que adquiere un mayor significado.  Lo mismo aplica para “Cumbres Borrascosas”, por lo que no se puede tener este tipo de fallas si quieres sorprender a alguien que sabe de que va el asunto. Aunque usted me dirá que eso no es culpa de Arnold y quizá  tenga usted razón, después de todo, los clásicos literarios siempre serán valiosos para aquel que los descubra por primera vez.

This movie is a hit